martes, 15 de noviembre de 2016

Cuky el "yogurtelano"

A Cuky le encantan los yogures de sabores, sobre todo de sabores de cosas cotidianas, como los yogures de "La Lechera" de galleta, de trufa,... Eso sí, con los que no puede es con los de kiwi. No le gusta ni la fruta, ni la fruta en los yogures. Es algo que le puede. Tuerce el hocico y no hay quién se lo de a oler siquiera.

Hubo una época, en la que el chef quiso dedicarse a "crear" yogures, (sí, crear. Porque todo lo que hace el chef con sus patitas peludas son "creaciones").
Casualmente, fue la época que pasó de relax en Grecia, cuando intentaba desconectar del mundo y empaparse del sol...Y no hacer nada, pero nada absolutamente. Un año perruno-sabático.

El chef conoció a un guau griego que tenía una pequeña tienda de yogures, y le propuso un trato: Durante aquel verano, le enseñaría a elaborar yogures y podría venderlos en su tienda para ganarse unos dineros. Por aquel entonces, el chef todavía no era el chef-perruno que conocéis ahora. Era más bien un guau con muchas ideas y muchos pájaros en la cabeza también, que no sabía hacia dónde orientar su creatividad, (de ahí que fuese dando tumbos de profesión en profesión, que tuvo más profesiones ya que Homer Simpson).



Pero el chef no podía conformarse con elaborar yogures naturales griegos (y de fresa, ¡ojo!). Quería elaborar algo más novedoso y rico. Algo extravagante y peculiar: Queso azul con avellanas, (sí, con avellanas, no con nueces, qué os pensáis), membrillo con jamón serrano, ketchup y mostaza (al menos, estos dos pegaban entre sí....pero no para un yogur), nubes de malvavisco y sprite,...Y ahí vino la devacle.
Los paladares griegos no estaban preparados para las extravagancias y el talento yogurtero del chef y el negocio duró poco. Pero el chef, que es un luchador perruno, (por si lo preguntáis...también tuvo su época de luchador mexicano...), siguió adelante. Pasó sus últimos días en Grecia escribiendo un libro-recetario con todas sus creaciones y algunas que no había podido elaborar pero que tenía en mente...Y ahí sigue cogiendo polvo a día de hoy.

El bizcocho que os traemos hoy es una mezcla entre el recuerdo del verano de yogurtero en Grecia del chef, un homenaje a los yogures de "La Lechera" que tanto nos gustan, y un guiño a las galletas maría, que siempre nos acompañan en los desayunos mañaneros en los que al chef le cuesta abrir los ojos por culpa de las legañas.
El resultado es un bizcocho esponjoso y tierno, con un inconfundible sabor a galleta que os encantará. 

Antes de que nos pusiésemos a hacer el bizcocho, compré los yogures toda ilusionada, pensando (inocente de mí), que podría comerme un par antes de hacer el bizcocho... Pero no fue así. El chef, (que por desgracia andaba con dolor de tripita y no podía comerse el bizcocho), cual perro del hortelano, (Cuky el yogurtelano),no nos dejó probar ni una cucharadita de yogur hasta que se encontró mejor y nos pusimos a hacer el bizcocho...Del que sobra decir que dio buena cuenta.





~2 yogures de galleta de "La Lechera" (los del tarrito de cristal)
~300 grs. de galleta maría (molida, en polvo)
~250 grs. de azúcar moreno
~4 huevos L
~120 grs. de aceite de oliva suave (o de girasol)
~3 cucharadas de leche entera
~1 sobre de levadura química (tipo royal)
~1/2 cucharadita de sal





~Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo (170º con ventilador), y engrasamos bien el molde que escojamos (nosotros escogimos un molde de bundt).

~Separamos las yemas de las claras y montamos éstas últimas con la pizca de sal hasta que queden esponjosas y firmes, y llevamos a la nevera entre tanto.

~Por otro lado, batimos las yemas con el azúcar unos 5 minutos, primero a velocidad media y luego subimos a máxima. Deberá quedar muy cremoso.

~Añadimos entonces la leche, sin dejar de batir y, a continuación, los yogures, uno a uno, a velocidad media. Seguimos batiendo hasta que la mezcla sea completamente homogénea.

~Añadimos ahora el aceite, poco a poco mientras vamos batiendo a velocidad baja. Cuando lo acabemos de incorporar, subiremos la velocidad a media y batiremos un par de minutos más.

~Toca ahora añadir los ingredientes secos: Trituramos las galletas hasta que queden migas muy, muy finas, y las mezclamos con la levadura. Añadimos esta mezcla a nuestra masa, batiendo ligeramente con unas varillas hasta que se integre por completo.

~Por último, añadimos las claras que teníamos montadas en la nevera a la mezcla que tenemos con movimientos envolventes, (podéis hacerlo en dos veces para que os sea más fácil), hasta que la mezcla sea homogénea (podéis ayudaros de una espátula o lengua de gato, rebañando bien el fondo para que se mezcle todo por completo).

~Vertemos nuestra mezcla en el molde ya engrasado, y llevamos al horno a la misma temperatura unos 45-50 minutos, (el nuestro en 45 ya estaba hecho pero, ya sabéis que depende del horno).

~Sacamos y dejamos enfriar en el mismo molde unos 10 minutos y sobre rejilla antes de desmoldar. Al desmoldar, lo dejaremos enfriar por completo sobre rejilla antes de manipularlo, ya que es un bizcocho muuuuuy tierno =)



Nota: Nosotros no quisimos hacerle ninguna cobertura para no matar el sabor a galleta, que es lo que define a este bizcocho pero, admite cualquier tipo de cobertura que se os ocurra.



Como era de esperar, este bizcocho debía tener muchos guaus.
Duró dos desayunos, por si os lo preguntáis.
Y el siguiente no duró mucho más.
Es más, los yogures que compré, (inocente de mí), para hacer otro bizcocho, no duraron los infelices ni dos días. El niño-grande se adelantó y se los zampó.
No hizo falta que yo lo riñiera, ya fue el chef a armarle la bronca...Con las ganas que tenía él de otro bizcocho de galleta... Tuvo que conformarse con chupar las galletas y evocar el sabor a bizcocho, (el que no se consuela...).

Disfrutad de la semana y sed felices, dulceros =)

¡¡Abrazo de osete relleno de yogur de galleta!!